Mi terapia preferida e innegociable algunas veces al mes: la playa. Cuando no puedo ir noto esa ausencia de paz, lo equilibro pasando por el Malecón algunas veces a la semana. Ver el mar me llena de energía, me hace pulgar las penas, recordar mis mejores momentos y hasta lanzar mis peores recuerdos. No se porque pero ver el mar me hace rememorar momentos inolvidable, me hace extrañar esos juegos fuera de control, esas caricias que una vez se dieron, ese romper reglas que tanto me gusta. Estar sentada ante cualquier inmensidad de espacio azul me carga las pilas, me hace sentir renovada, llena de ganas de vivir, de crecer, de ser cada día mejor ser humano y de seguir queriendo todos los seres valiosos que a lo largo de mi vida me han hecho una mujer feliz.
Foto: Tomada por un ex-amigo DPR, en las Terrenas.

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