A sus cuarenta…

 

 

Sí, él fue mi primer amor, a él entregue mis primeros gemidos, aun recuerdo aquella noche, él tan cauto, tan educado y yo tan salvaje, tan llena de ganas, lo provoque hasta hacerle perder la paciencia, sus cuarenta años me excitaban, mi madurez era mucha para entregarme a un niñito consentido, quería un hombre que me hiciera sentir una dama. Volver  a verte ayer, fue como recordar mis mejores momentos en sólo unas horas, sentirte es sublime, aun me encantas, me tocas como nadie, contigo la noche es corta y los besos  eternos. Mientras estaba en tus brazos me entregaba toda, pues sabía que aquella noche no se repetiría hasta mucho tiempo después, pero esas ganas aplacadas siempre están en mi memoria, porque siempre te recuerdo y mojo mis labios en señal de disfrute, aunque dures mucho para volver a tenerme metida en tu cama. Lamento que seas tan ajeno como mío cuando estoy contigo. Sólo tú me conviertes en esa niña juguetona que te hace perder la calma, que te hace volver a vivir. Enlazar mis piernas a tus piernas y cerrar mis ojos, siempre provoca el mismo suspiro, porque ajeno y no mío.

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