BAJO EL ENCANTO Y TALÓN DE UN NEGRO II

Margaret vivía en Castries, la ciudad de Santa Lucia, allí había crecido sin tener curiosidad por explorar otros mundos. Desde niña fue inquieta y preguntona, habito que aun después de adulta no se resignaba a abandonar. Cada vez que tenía un encuentro con Roberto volvían las preguntas. Y el como buen hombre de falacias sólo se limitaba a callarla con un beso.

Esa mañana había más calor que otros días, desayunó temprano y empacó maletas, rumbo a Madrid, en una semana comenzaba su gira musical por Europa y debía salir lo antes posible. Roberto había propuesto que permitiera que su Jet privado la trasportara para evitar el tumulto inquieto de admiradores. Margaret era un icono de la música sí como Derek Walcott era conocido por ser premio novel en literatura y Asthur Lewis de economía, de esa misma forma el nombre de la Señorita Petuat era un honor para el país. Antes de salir de casa ella se fundió en sus brazos y como era de costumbre tenía un fetiche poco común, se despedía de todos como si ese fuese el último día en la vida de ella. Había aprendido de su madre que los momentos son irrepetibles y que eso la mantendría en el alma de todos aun partiera de este mundo.

Quedo exhausta. Roberto y Margaret se fundían en cada encuentro como si el sexo fuera a desaparecer. Se gustaban como la cebada y la cerveza. Aquel negro encendía su fuego de una manera abrumante. Ella era autentica con él. Después de muchos amores Roberto había despertado algo más en ella. Y era precisamente su alma de aventurera. Se despidió con un beso largo y se marcho a Madrid, allí la esperaba Marcos, su manager. Él era quien manejaba toda la vida de Margaret, todas las decisiones eran suyas, ella había aprendido el arte de dejarse guiar. Apenas habían pasado unas horas y Margaret quería volver…

 

Continuara…

2 pensamientos en “BAJO EL ENCANTO Y TALÓN DE UN NEGRO II”

    1. No me parece una pregunta, más bien una opinión, gracias. Aunque creo que quienes logramos poder plazmar historias nos guiamos muchos de las desgracias ajenas, de las conocidas y sobre todo de lo que piensa el colectivo social. Un abrazo.

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