Instinto Femenino

BAJO EL ENCANTO Y TALÓN DE UN NEGRO III

En sólo 24 horas Margaret había ofrecido rueda de prensa, entrevistas a los canales principales del país y había regalado autógrafos a los clientes de Praxis la tienda más grande de la ciudad donde se hospedaba.

 

John la llamaba todos los días, a sus ocho años era muy maduro, aunque su madre tenía la mente del mismo tamaño que él. Margaret había tenido su hijo a los 19 años, él había crecido con su padre, ella le cedió la custodia, pues con su vida de artista no podía con una carga, como ella le llamaba. Ese niño siempre estaba triste, y nunca dejo de preguntar por su madre, para verla aprovechaba los canales locales y se robaba el periódico de la casa para cortar las imágenes de Margaret. En este momento John necesitaba de verdad a su madre, el tenía un mundo de preguntas que no tenía a quien cuestionar. Frank Morales, su padre, era un psicólogo reconocido en la ciudad. De esos que para todos son excelentes psicólogos y en su casa son una basura humana. Tenía de todo para tener la custodia de John, dinero, familia estable…según la sociedad, una profesión que garantizaba orden metal para aquel niño. Aunque esas cosas eran mierda para John, él necesitaba de su madre, quería afecto, respuestas y más que eso a quien llamarle mamá. Margaret era una mujer torpe, pero había aprendido a hablarle con mucho cariño a su hijo, y él se había acomodado a esa vaga forma de tratar a su madre, y la llamaba todos los días. Ella estaba madurando y con esa costumbre las ganas por convivir con John habían aumentado.

 

Era un Sábado de Febrero de 2005 a las 10:30 llegaba el vuelo, primera clase, revuelto por los autógrafos y flash de cámaras por doquier. John disfrutaba eso, su madre era una estrella, y todos hablaban de ella, aunque supieran que como mamá era un desastre.

 

-Hola John mi amorcito, como estas.

-Bien mami, me puedes abrazar.

 

Margaret abrazo a John pero no pudo evitar soltar dos lágrimas, ya sabía que en esa carita de John se escondían muchas cosas y que ser mamá no implicaba pedir los abrazos, sino darlos con constancia. Ella lo cargo y lo llevo hasta el auto sin despegarlo de su pecho. Era la primera vez que su sentido materno la golpeaba de esa forma.-

 

Continuará…

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