La cajita de miserias

 

Imagen tomada de Google

Me pregunto si realmente existen quienes nos aceptan tal cual somos, sin peros, ni porqués. Desde siempre me he vinculado a gente que adora mi forma, mis histerias y al final me cambia completa. Los que más me han aceptado con todas mis anormalidades y fallas de fábrica han sido precisamente aquellos que de tener la oportunidad me hubiesen cambiado el cerebro por otro.

Siempre nos enamoramos de la parte bonita del otro. No de eso que vemos, si no de esas expectativas que nos creamos. De esa imagen perfecta que descubrimos ante el encanto de las primeras horas. Y ni hablar de cuando la razón esta presente y el enamoramiento no. Somos crueles en nuestras críticas. Donde vimos virtudes aparecen muchos defectos, pero somos incapaces de analizarnos de verdad en nosotros mismos. En los demás descubrimos que son los defectos, las cosas malas, los errores y entendemos que casi siempre los demás existen para que le echemos la culpa, es más fácil que asumirla.

No en vano todos tenemos caretas y mil una forma de comportarnos cuando estamos con alguien. Hasta para contestar el teléfono cambiamos la voz dependiendo de quien sea.

No soy perfecta, admitir eso sería la mentira más grande que jamás haya dicho. Nunca he sido normal. Ni la estudiante perfecta, ni la hija obediente, ni la organizada, ni la mejor empleada. Hay cosas que están muy distantes de ser reales en quienes me conocen.

No soy de esas mujeres que reciben montones de flores en su cumpleaños, no salgo bonita en las fotos, no soy toda dulzura, tengo un carácter de mierda. No ando siempre de buen humor. No caigo bien a todo el mundo, el cincuenta por ciento de mis amigas dicen que le caía horrible cuando me conocieron. No tengo las medidas perfectas, el ancho de mi cintura duplica el de las modelos. Me han pegado los cuernos, no por error sino por deporte. Nunca tuve una mascota, en casa había perros, pero los detestaba sólo por no recoger sus cochinadas. Mis hermanos dicen que mando demasiado y mis vecinos que a veces paso y no los saludo. Mi impulsividad según algunos genera rechazo, ahora entiendo porque mucho de los hombres que han pasado por mi vida ha preferido quedar en mis recuerdos que en mis brazos.

Ya verán que de ser perfecta estoy muy lejos. No crecí con muchas facilidades, he tenido que trabajar como cualquier mujer que no nació en cuna de oro. Trabajé unos años haciendo comida para vender, ni hablar de como me veía, con delantal puesto y olor a sazón. Esos fueron mis años de mejores escritos, cocinaba temprano y me iba a un centro de Internet cercano y publicaba mis escritos como toda una diosa, aún con el olor a cebolla y las uñas rellenas de mugre. Estudie en una Universidad privada, pero no era de las que hacia grupos con las niñas de papi, mis buenas amigas eran las becadas, las señoras que limpian, los seguridad, el encargado del centro de computo y una que otras amigas que encontraban ventaja en algunas de mis virtudes para crear.

Crecí con mejores condiciones económicas que las demás niñas de mi calle. Aunque mis muñecas grandes nunca me gustaron, eran enormes y cantaban solas. Prefería esos juegos baratos que tenían todas las niñas de mi calle. Esos mismos que mi madre consideraba corrientes. Sin contar que la mayor parte de mis juegos eran regalados por su jefa.

No tengo muchas amigas, sólo las que han estado dispuesta aceptar mi personalidad histriónica en exceso y exagerada para los gustos normales. Muchos me han llamado rara a lo largo de mi vida. Otros han preferido no decirlo y han huido. Pero han existidos algunos que me han amado, esos que no sé si sean tan anormales como yo, o si compensen su normalidad con una mujer que no tiene nada de común, ni de ser ideal.

2 pensamientos en “La cajita de miserias”

  1. COMO dice un proverbio turco ”EL que busca un amigo sin defectos se queda sin amigo” ,lo importante de esto es aceptar a cada ser humano con sus defectos y virtudes,por que cada ser humano es unico y especial,ya sea una cacarrabia o un cacarrabio.

  2. jajaja esta muy chulo lo bueno es k siempre encontramos personas k nos aceptan como soy aunk las primeras impresiones sean no tan favorables lo bueno es la huella que marcamos despues

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