Ínfulas de una Mujer sin Tabúes

Por: Hilda Arzeno

Levantarme, ir al baño donde él se baño y encontrarme con la tapa del inodoro mojada, sus calzoncillos en el piso, el lavamanos lleno de pasta dental y el jabón de bañarme lleno de pelos, pensé que era la peor pesadilla de un matrimonio. Esas cosas me aterraban cuando era una adolescente, odiaba pensar en matrimonio. Pero ahora mis preocupaciones son otras, van más allá de las banalidades de higiene.

Hay temas que los observo a diario y me aterran más que mis recuerdos inventados. Sí, ese mismo que piensas, la falta de sexo después de años de matrimonio, lo sé no me he casado, pero he vivido con unos padres que hace años no cierran la puerta para dormir. Con unos vecinos que sus mujeres le pegan los cuernos por fríos, por infieles y por tarados. Y unas amigas que en el noviazgo han probado a destiempo las sales de los cuernos.

Dormir al lado de ese señor durante años y verlos roncar todas las noches; y no recordar la última vez que pasó su mano cerca de algún lugar donde sientes. Dormir a su lado y tener ganas de zambullirte en un encuentro apasionado y él ni mira al lado donde duermes, esa es la queja de las súper mujeres cuarentonas que tengo como amigas.

 Precisamente por eso aborrezco las relaciones con hombres casados, siempre caen en el mismo dilema “No tengo tiempo”, “espera la próxima semana”, “me voy de viaje”, “mi esposa esta enferma. Mucho menos aguantaría dormir con uno a quien tengo que llamar “mí esposo” y no me miré cuando tenga ganas, y no me toque cuando este deseosa, que me de la espalda cuando le busco. A eso le temo, a que me ignoren cuando la regla debería ser la contraria.

Desde que pasamos los cinco años siempre nos repiten que somos niñas y debemos comportarnos. Cerrar las piernas, caminar despacio, no reír estruendosamente, ser amables, educadas, colaboradoras, disculparnos por todo, aguantar un cuerno si queremos mantener una relación, no ser asiduas a la masturbación, jamás comprar un consolador y un montón de cosas más que nos dejan a la merced de hacer siempre lo que al otro le da la gana y vivir sumidas en los prejuicios.

Se supone que una mujer casada no debería recluirse en la masturbación, ni  sentirse insatisfecha. Se supone que esa misma mujer no tenga que mantener contacto virtual con otro caballero y se supone que tu mujer no busque encuentro en otra cama, pero como he dicho se supone.

Los años pasan y pesan y el deseo se apaga. No existen formas infalibles para rescatar el deseo sexual después que se va. Hay formulas que me asustan y que sé, abruman a miles de millones de mujeres, cerrar la puerta, apagar la luz, acomodar la sábana, la alarma se enciende, amaneció y vendrán más días sin sexo.

Tener mucho corazón nos ayuda a ser pisoteadas y de paso a que nos escupan la cara. Hemos vivido años de represión. De ser siempre la parte sumisa, la que acepta, la que se resigna, la que no exige, la que cede, la que aguanta y eso ha llegado a su final, al menos en mi generación.

No hago magia, pero creo en el poder de la palabra. Cada mujer que conozco que sé puedo ayudar a liberar  algunos tabúes lo hago, sin dudarlo, si pensarlo y con las ganas de que deje de ser esa mujer rescatada, sumisa y torpe que ha pintado la historia.

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1 Comment

  1. ajja buen pos t como siempre ahhahaha es que las mujeres creen que por ser sumisa tendran el hombre a su lado y la verdad no es asi el que no grita no……… ahhaha es que como dices nos dicen tantas cosas desde que vamos creciendo que siempre actuamos segun las leyes socialmente establescidas..

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