GOLPE BAJO

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Por: Hilda Arzeno

Ya sé leer el morbo, el deseo y ese sentido reprimido de brincarme encima, lo delatas todo. Soy una mujer atrevida, pero a veces cuando intento ser cordero causo esa impresión, que percibo con las miradas a medias, con la lectura del rabillo del ojo, con el peso de las miradas en mis nalgas, es más provocador mi silencio que mi coqueteria. Disfruto ese sentido de saber que me mira cuando me volteo, esa lectura que descifro cuando en seriedad él me habla y su memoria vaga.

Sin dudas que no hay nada más previsible que un hombre enamorado. Esas miradas hablan solas, esa picardía la percibe hasta un ajeno. Que pasa si lo admito. Si digo que ese juego me excita, que prefiero mantenerte al ruedo del encanto, que atraparte a destiempo. Que quiero seguir jugando. Que te volveré a mirar de repente, justo cuando te deleitas y crees que no me he dado cuenta. Volveré a mirar atrás cuando sienta el peso de tus ojos clavado en mi espalda. No lo diré alto, no diré que me gusta, provocaré que te pongas loco de ganas y perverso de pensamientos, sin intento de que surja nada, sin ganas de verte en una cama, sólo con el placer de saber que miras y te gusto, que disfrutas, pero no degustas. Simplemente caricia al ego, eres muy viejo.

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