De poetas, artistas o locos…

Por: Hilda Arzeno

Una vez conocí un poeta, sí un poeta, de esos que siguen escribiendo, que creen en las musas, que andan con los bolsillos rotos. Que se mencionan en google y que por demás cargan con ínfulas de grandeza y cero centavos en el banco. Comenzaré por decir que no es nada agradable a la estética, es feo con cojones, de esos que brillan en los grupos por atinados, por vestir de blanco, por elegantes y por la prepotencia innata de un negro con un nombre hecho. Lo de negro lo menciono sin interés ni instinto racista, lo digo porque como negra sé lo que significa tener el ego inflado. Sus letras son geniales, a veces le leo, aunque sus recuerdos sean coprologicos, aunque su imagen me da miedo como  el cuco. Hoy precisamente que lo recordé puse su nombre en  Google, encontré algunas entrevistas, de esas que enaltecen y vanaglorian a las figuras, de esas que te permiten creerte ganador de un Pulitzer o competencia directa de García Márquez, ahí estaba él, en las fotos orondo y feo como siempre ha sido.

Pero realmente no escribo de él porque me resulte interesante, sino porque recordándolo puse cara de asco y pensé en el trasfondo de quienes tienen alma de artistas. Quienes seguimos las artes en cualquier vertiente nos damos cuenta de que nuestras letras u obras enamoran a muchos y hacen que la gente nos cree historias de vida, casi siempre distantes de la realidad. Que nos pongan virtudes que no tenemos o etiquetas innecesarias. Aquel poeta me recuerda el perfil de todos los escritores, cantantes, pintores o figuras pùblicas  que he ido conociendo, algunos en físico otros en letras, un sinnúmero de gente, loca, autentica, admirable y hasta despreciables.  En una de las entrevistas que leí quise encontrar al verdadero poeta que conocí, adentrarme en su mundo, pero fue en vano, ese que leía estaba muy lejos del poeta que conocí. Si la vida de los artistas fuera tan genial como la dibujan sus seguidores sería simplemente sublime pertenecer a esta estirpe. Cuanto me apena decir que la vida de todos es tan común, tan simple, tan insignificante, tan autentica, tan descabelladamente real, que es igual a la tuya.

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