Convivir…

Nadie me enseño como se llevaba una relación,  pero tampoco de nada me sirvieron los cientos de libros que me he leído,  la razón salio por la misma puerta por donde entro el amor. Aquellos días eran increíbles  hasta resolverle la vida me parecía amor, dedicarme como una Geisha. En la convivencia me perdí  abandoné mi ser, mi autenticidad,  bajé el tono de mi risa, me olvidé de la súper mujer y hasta me permití sentirme una mierda de vez en cuando. Y comencé por entender cosas que ni un loquero me ensenaría con tal precisión.  Entendí que los hombres para serlo deben tener más que un par de bolas. Aprendí que amar no significa reprimir por no dañar, no significa aguantar, ni ser flexible hasta que te duela, tampoco se parece a dar más a los demás que a ti, amar es un darte a ti mismo para después poder ofrecer. Hoy puedo reconocer que en aquellos amores del pasado me permití moldearme en el fuego. Me dí permiso para huir cuando no me sentía feliz, me dí permiso para saber que compañía no era quien estaba sino quien se sentía  Aprendí que jamás se debe tener un hombre para ocupar un lado de la cama si el lado del corazón te lo ha dejado desierto.   Y hoy tal vez más terca, me atrevo a confesar que la maternidad debería ser un reto para los hombres, después que somos madres se cierra el capitulo de la dependencia, ya no nos sentimos solas y si no haces más que ocupar un espacio tendrás que irte, ya no tenemos más carencia de afectos, unos brazos diminutos son capaces de ofrecer más amor que un cuerpo de 7 pies y 300 libras. Entendí que amar no es más que un pastel de respeto, consideración y lealtad. Deberían enseñarnos desde adolescentes el arte de la convivencia. Si hubiese entendido hace años que jamás debía estar con alguien que pretendiera cambiarme hubiese vivido más feliz. Convivir es un arte que requiere de sabiduría y precisión. Creo que mi mejor lección después de haberme caído muchas veces y abandonar muchas relaciones es que jamás pensemos que los problemas o los detalles son insignificantes, lo que para unos es minúsculo para otros es un iceberg.

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2 Comments

  1. Será que debemos aprender (o mejor dicho caernos) algunas veces antes de aprender el arte de la convivencia? No lo sé. Hoy eres el producto de lo que aprendiste todas aquellas veces que te caíste; lo importante ahora es que ya sabes que no debes vivir con alguien que te pretenda cambiar, no es tarde. Y lo más importante: eres felíz. 🙂

    Amiga te extraño, te mando un abrazote! Espero verte pronto,

    D.

  2. Esta es una leccion que solo la aprendemos con la relacion diaria algunas de nosotras la asumimos con obligatoriedad y manipulacion y las afortunadas con madurez y comprension

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