TITULO: El que te de la gana

En medio del dolor todos opinan y es uno de los pocos momentos donde todo lo que se dice se agradece. Me han dado muchos consejos, técnicas que han funcionado a otros y muchas palabras de aliento, que en su momento hacen una excelente función. Hubo un ser muy querido que me dijo ¨que hasta las madres mueren, pero hay que seguir¨ no sé si es que le aprecio tanto o que fue tan certero que desde ese momento creo que todo  pesa menos. Otra amiga me comento que ¨según la biblia en 40 días todo habrá pasado¨ o al menos el dolor será menor.

Me siento mejor. Con el mismo dolor, pero he llegado a creer que lo que duele es el futuro no el pasado. Es que me parece que las mujeres vivimos inmersas en el futuro, en el ¨a donde hubiésemos llegado¨, vivimos pensando en esa vejez llena de amor, en esos 20 años de matrimonio o en el ¨vivieron felices para siempre¨. Ahora si estoy lista para hablar del dolor de una ruptura, entre todas las cosas que he hablado este tema me resultaba poco conocido, había tenido desamores, pero mi primera relación de hogar, de convivir, de hijos de por medio, había sido esta. Es interesante como nos reponemos a las perdidas, como la vida transcurre con normalidad, aunque a eso se le sume esos días en que en medio de la jornada de trabajo ¨te trancas en el baño a llorar¨, en que le cuentas a todos los seres queridos lo que ha pasado y que terminas cerrando la conversación diciendo, al menos me siento en paz de que haya sido ahora, después hubiese sido peor, consuelo de tontos siempre será malo, doloroso y por demás inevitable.

Además de la retahíla de consejos, muchos se animan a reactivar tu vida social, otros simplemente caen en la patética idea de decir ¨qué pena¨¨cuanto lo siento¨¨siento tu dolor¨. Siempre se tienen buenas intenciones pero los zapatos del otro nunca sirven en estos casos. Ni hablar del dolor colectivo, ese susodicho se gana el murmullo de toda la familia, de todo el que te quiere y ni hablar de los amigos de los dos que se convierte en una fila de dominós  no se saben a dónde inclinarse, no sabiendo todos que en el fondo preferirías que nadie opine, que nadie defienda, que nadie haga nada, que te dejen llorar, vivir tu duelo y seguir.

Llega un fuerza casi misteriosa que quiere impulsarte a retomar la energía de la adolescencia, a salir, a cambiar de ambiente, a cambiar de estilo, de espacio y con todo eso descubrimos que en el fondo no hay más que mucho temor a seguir en esa condición que nos recuerda el pasado, que nos envuelve en el mismo circulo de gente que pasara años sin enterarse de que ya eres soltera o peor aún, los que lo saben y de pendejos te vuelven a preguntar ¨y que de la vida de fulano¨.

Qué me queda, mucha madurez, mucho aprendizaje de no forzar la vida, mucho amor que da para otros, aprendizaje de ser esposa, de ser amiga y de descubrir que el otro no siempre está dispuesto a recibir lo mejor, hay gente que vive como coprófago, que si insistes en darle bizcocho, se reirán de ti. 

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