NI LA P

De perfecta no tengo ni la P. He sido una mujer irreverente, malcriada y he vivido gran parte de mi vida como me ha dado la gana. Lo cierto es que la vida nos enseña lo que estuvo bien y lo que nos jodio la vida. Quiero hablarles del carácter. Ahora con más madurez ocupo mucho tiempo en ser mejor ser humano cada día. En mejorar mi actitud ante la vida y la huella que dejo en los demás. Y en la misma medida que he dedicado tiempo a ser mejor, en esa misma proporción he ganado amigos valiosos, colaboradores extraordinarios y hermanos de vida que están y lo ejercen. Perdí mis mejores trabajos de adolescente por no doblegar mi ego, por ser inflexible, por imponer. Y cuando vas creciendo te das cuenta que ser cuadrado no deja más beneficio que haberte convertido en algún momento en el [Jefe: Hijo de la gran puta].

Hoy aspiro a ser menos rígida, a ubicarme en el lugar del otro, a no tener prejuicio. Intento ser cada día más cordial. No apoyo la cultura del [Comemierdismo] esa donde los demás quedan por debajo de tus hombros o no merecen tu educación. Ese donde el poder, efímero por cierto, ubica algunos. Ese escenario que nos hace creer que valemos más que los demás y que las posiciones son eternas. Ese espacio donde más que hacernos grandes nos disminuimos. Hoy después de dejar de ser una inmadura persistente y terca, reconozco que he crecido, que no hay que pisotear, que no hay que alzar la mirada, que las cosas sencillas y tu trato te distingue, y que la actitud y el estado de ánimo es lo mejor que puedes regalar y regalarte.

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