El rapto de Psique

Psycheabduct

Hay dos condiciones que me parecen incompatibles: enamorarse y mantener la sobriedad. No sé dónde demonios se nos queda el juicio cuando nos enamoramos. Acabo de descubrir que cuando me enamoro soy como cualquier indigente que deambula. No razono. Me vuelvo completamente infantil.  Me apresuro a sacar conclusiones con cualquier escenita de celos. Lo confieso cuando algún varón me enamora y he cedido, cualquier bobería que haga no será responsabilidad de la mujer centrada que conozco. Pocas veces me he enamorado en mi vida. Lo admito no es un estado que me guste, me desequilibra, me hace vulnerable, me vuelve una mierda. Si usted se ha enamorado como yo lo he hecho permítame decirle que prefiero que se enamoren de mi perdidamente y acostumbrarme a ese otro, que ser yo la que ande loca y  babosa detrás de un varón cualquiera. Las veces que he tenido amores racionales sin perder la razón ni con brincos en el estomago he sido feliz, me he permitido querer, acostumbrarme y porque no hasta salir de esa relación sin volver atrás. En cambio esas relaciones donde me he enamorado en demasía esas son las que he dejado abiertas mucho tiempo, las que más me han dañado, las que han marcado mis malas historias amorosas, las que he vivido en ansiedad, las que definitivamente han raptado mi mente. Y tú que tan que tanto te has enamorado?

P.D. La imagen usada se llama L’enlèvement de Psyché («El rapto de Psique», 1895), pintura de William-Adolphe Bouguereau en la que Psique aparece raptada por Cupido.

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