DESESPERANZA

Ayer hablaba de una palabra a la que le tengo terror, desesperanza. Y a ese término le tengo respeto, porque entiendo que en ese estado los seres humanos tomamos las peores decisiones de nuestras vidas, por desesperanza muchos migran a otros países y lo abandonan todo, tal vez para ser más infelices que como han sido, hay gente que se quita la vida porque sus circunstancias u opciones le hacen creer que no hay nada más, que se han acabado las opciones de seguir.

Todos en algún momento de nuestras vidas nos hemos sentido sin rumbo, sin esperanza, sin timón en las manos para llevar nuestro propio barco a puerto alguno. Todos hemos amanecido en  días que la vida nos sabe a nada, todos hemos deseado huir lejos, pero sé que esos días son los menos, esos espacios donde nos abruma la desesperanza son esos instantes que pasan rápido ante el estímulo de un amigo, ante la sonrisa de un hijo, ante la llamada de algún ser que te tiene pendiente o ante el recuerdo de esas cosas que nos recuerdan que tenemos muchas razones de vivir y seguir.

Creo que la modernidad cada vez nos hace menos cálidos, menos pendientes de la parte emocional del otro, nos vamos cerrando y a veces somos tan egoístas que tenemos parejas con quienes compartimos espacios físicos y en realidad estamos distanciados por miles de kilómetros durmiendo en la misma cama. Hace años después de muchos temas personales por resolver en mi vida aprendí a dar valor a una palabra que me ha ayudado a vivir más y mejor, plenitud, entendí que eso requiere de un compromiso contigo y de pilares fuertes en tu compromiso con la vida, con seguir, con amarte, con querer más y mejor aquellos que están en tu vida de manera significativa.

Siempre hay salidas aun cuando creemos que No. Siempre hay más que hacer aun cuando estamos cansados de seguir. El cuerpo, la vida, todo, siempre permite una milla extra. Y justo esos días donde nos sentimos desesperanzados es el momento de abandonar el látigo, de dejar que la vida te muestre lo que no quieres ver, esas cosas que te hacen volver amar la vida, cuando he sentido que no quiero seguir miro el rostro de mi hija al sonreír, evoco esos recuerdos de momentos felices en mi vida, llamo a la gente que me quiere, voy al mar, pongo los pies en arena, me abrazo y siempre, siempre busco un espejo y re-confirmo quien soy, una mujer de mil batallas como tú, que no abandona con facilidad y que siempre se repite una y otra vez…hay que seguir.

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