Y resulta que uno debería amar a quien le dé la gana. Quien dijo que los afectos van atados a un papel, a un contrato, a la palabra de un día haber dicho “para toda la vida”.

Nos han vendido una idea limitada y jodida de amar, vivimos de frente a la realidad, pero a medias con el amor, vendemos matrimonios felices sembrados de cuernos y secretos sociales, vivimos la intensidad y el amor en brazos ajenos o a escondidas, pero claro está sin admitirlo como secreto de estado. Sobreabundan los amantes,  para no decir de frente que muchos viven asquerosamente infelices, y es mejor poner parches que cura. Donde radica el libre albedrío, donde radica la voluntad de venir a la vida a ser, somos borregos sociales, somos esclavo de reglas que nos hacen infelices, reglas que por demás me declaro en total irreverencia y desobediencia.

Detesto las reglas sociales, esas matizadas de doble moral, me niego a cumplirlas. Prefiero vivir de lo que mi alma siente y busca, de esos amores que me llenan sin importan lo que digan, sin etiquetas, sin sobrenombres. (más…)

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